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Un rösti bien cargado es la señal para cenar patatas fritas

Como si necesitaras una excusa.

Por Food DeskEstados Unidos3 min de lectura
Un rösti bien cargado es la señal para cenar patatas fritas

Hay muchísimas recetas de tortitas de patata procedentes de prácticamente todos los rincones del mundo: patatas hash brown de los restaurantes estadounidenses, latkes judíos, kuku persa, gamja-jeon coreano, boxty irlandés… la lista es interminable. Y hay una buena razón para ello.

Además de que las patatas fritas siempre están deliciosas, son un plato sencillo y económico que se puede disfrutar prácticamente en cualquier época del año y a cualquier hora del día. Si bien nos acercamos a la temporada alta de latkes, he estado disfrutando de una enorme tortita de patata especiada muy parecida a un rösti suizo, que, a diferencia del latke, no suele llevar huevo como aglutinante. Mi rösti se inspira en los sabores del shawarma de Oriente Medio.

Sazonamos las patatas y una cebolla rallada con una rica mezcla de pimentón, cúrcuma, comino y una pizca de canela. Para equilibrar el picante, servimos el rösti con una salsa blanca cremosa y ligeramente ácida (similar a la que se suele acompañar al shawarma) y unos huevos escalfados, lo que convierte este plato en una comida sustanciosa.

Empiezo rallando un par de patatas russet y media cebolla con un rallador de caja, presionando o exprimiendo la mayor cantidad de líquido posible para evitar que queden blandas. Luego, mezclo las especias con las patatas, añado la mezcla a una sartén de hierro fundido precalentada y horneo hasta que adquiera un color dorado oscuro. El rösti se suele freír en la estufa, lo que lleva menos tiempo, pero requiere darle la vuelta con cierta agilidad a mitad de la cocción.

Hornear el rösti en un horno caliente da como resultado una textura igual de crujiente, a la vez que permite preparar los acompañamientos y escalfar algunos huevos (además, no hace falta darle la vuelta). Precalentar la sartén es fundamental: no solo consigue una textura súper crujiente, sino que también evita que las patatas se peguen al fondo.

La salsa blanca es una mezcla sencilla de yogur griego, mayonesa, ajo y un par de cucharadas de jugo de pepperoncini. Normalmente usaría jugo de limón, pero el jugo de pepperoncini es una forma fácil de añadir un sabor salado, agridulce y ligeramente ácido. Además, me gusta esparcir algunos de los pimientos encurtidos sobre el rösti terminado como guarnición picante que contrasta con la riqueza del plato.

Aunque me encanta esta combinación de especias y pepperoncini, esta receta se presta a muchas variaciones. Prueba a sustituir las especias por curry en polvo o a añadir un puñado de hierbas frescas picadas a la mezcla de patatas. O, si prefieres algo más sencillo, omite las especias por completo.

Los pepperoncini le dan un toque refrescante de sal y acidez, así que cualquier ingrediente salado sería un buen sustituto; prueba con pepinillos o cebollas encurtidas. Esta comida es la excusa perfecta para cenar papas fritas, así que acompáñalas como más te guste.

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