El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha emitido un veredicto sobre la polémica de los juguetes para perros de Jack Daniel's
Si bien la hora del cóctel puede ser frívola, una parodia de un juguete para perros de dudosa reputación no es motivo de risa. CNN.com informó que Jack Daniels ganó el caso contra VIP Products por infracción de marca registrada ante la Corte Suprema de Estados Unidos.
El litigio surgió a raíz del juguete para perros Bad Spaniels de VIP Products, que utilizaba imágenes similares a las de una botella de Jack Daniels. La marca de licores Brown-Forman pretendía prohibir la venta del juguete, ya que los consumidores podrían confundirse y asumir que el juguete en cuestión estaba directamente relacionado con su marca. VIP Products, por su parte, consideraba que su juguete, que emitía un chirrido, era una parodia que se enmarcaba dentro de la categoría de obra creativa expresiva.
Según el fallo restrictivo de la jueza Elena Kagan, la cuestión se resolvió en función de si los Bad Spaniels causaban confusión entre los consumidores. Independientemente de la advertencia en el empaque, el problema radicaba en la referencia a la imagen protegida de Jack Daniel's. La ley de marcas busca proteger tanto la reputación del productor como la libertad de elección del consumidor. Cuando un producto menoscaba estos dos aspectos, puede generar confusión entre los consumidores. Esta decisión se refería exclusivamente a la marca Jack Daniel's.
Ya sea un color específico, una tipografía o una combinación de ambos, la marca es la referencia. La sentencia se centra en la idea de que la marca registrada indica al consumidor su origen. En este caso, Jack Daniels y su antiguo número 7 no deben confundirse jamás con el número 2 de un perro. Esta sentencia garantiza que no volverá a ocurrir.
¿Podría el fallo sobre Jack Daniels generar más litigios por marcas registradas?
Si bien Jack Daniels celebra su victoria legal sobre VIP Products y su juguete para perros que parodiaba la marca, el fallo ha generado dudas en muchas empresas sobre los litigios por marcas registradas. Aunque las marcas se esfuerzan por crear y proteger su sello distintivo, ese reconocimiento puede tener un precio. La parodia puede provocar reacciones humorísticas, pero para las empresas, no es motivo de risa.
Un artículo de noticias legales de Bloomberg afirmaba que esta decisión de la Corte Suprema de EE. UU. podría facilitar las demandas por parodias ofensivas. La opinión mayoritaria señalaba que la identificación de la fuente de la parodia busca aprovechar la reputación y el prestigio del producto original para impulsar sus propias ventas o beneficios. Si bien la redacción puede resultar graciosa, la libertad de expresión solo existe porque se basa en la fuente subyacente, la marca, lo que podría tener un impacto negativo en la marca original.
Este tema ha sido y seguirá siendo objeto de debate. La línea que separa el disgusto por una broma de la interferencia comercial es difícil de discernir. Utilizar un identificador de origen de forma expresiva puede ser permisible, como en un meme de redes sociales donde una marca de bebidas comenta el gusto refinado de una persona. Sin embargo, si una nueva marca de bebidas utilizara la misma tipografía, color y redacción para lanzar un concepto asociado a una empresa competidora, podría generar confusión entre los consumidores. En definitiva, el objetivo es ser una marca reconocible, pero esto puede conllevar altos costos.
