Irina Janakievska recorre los Balcanes con La cocina balcánica
Irina Janakievska abre su libro con la palabra taga, una mezcla de tristeza, anhelo y amor que recorre toda La cocina balcánica.
Según la autora, la palabra taga denota "tristeza, anhelo, amor por una persona, un tiempo, un lugar". Esta emoción subyace en el libro, que Janakievska transforma en un testimonio claro, sin sentimentalismos y lleno de alegría sobre una "región en transformación" y sobre los recuerdos que dan significado a la comida para todos.
La autora sitúa los Balcanes en el sureste de Europa, entre los mares Adriático, Negro y Egeo. Por razones prácticas, el libro se centra en la antigua Yugoslavia, con referencias al resto de la región para esclarecer las influencias en una gastronomía que, según escribe, sigue estando «lamentablemente inexplorada e incomprendida».
El libro incluye platos como el soparnik, una tarta abierta con el atractivo de una pizza; el pastel salado de la abuela, un pan de maíz con verduras, queso y hierbas; los pasteles de semillas de amapola de Milibrod; y el tarator, un plato de hierbas, pepino y yogur. También se incluyen berenjenas en salsa de nueces, sopa de albóndigas, klepe (un tipo de salchicha), venado con membrillo y arándanos, brodet (un tipo de estofado) y Blejska Kremšnita (un tipo de pan plano).
El punto de partida es la última receta que la abuela de la autora escribió poco antes de morir, con el mensaje: «La abuela te quiere. No tengas miedo, estoy segura de que lo lograrás». Janakievska escribe que este fue «su último consejo: su receta para el resto de mi vida».
La reseña no menciona encurtidos ni bebidas, pero sí recomienda el libro. Entre sus recetas se encuentran los knedli de ciruela, o albóndigas de masa de patata, servidas con mantequilla derretida y pan rallado, y las manzanas en Šlafor, buñuelos para el desayuno cuyo nombre se traduce como "Manzanas en bata".
