Una tafona: plato e historia
El restaurante insignia de Lucía Freitas no es de esos donde el compromiso del chef con la tierra eclipsa la comida. En A Tafona, se cuenta la historia, pero la comida es la principal atracción.
Su menú degustación, Alba de Gloria, comienza con un reconfortante caldo de castañas que nos transporta al estuario y sus tierras de cultivo circundantes, invitándonos a comer con las manos. A continuación, se sirven una docena de platos, perfectamente equilibrados en textura, sabor y preparación, con presentaciones exquisitas, algunas casi como pinturas paisajísticas.
Se respira tierra y mar, pero también fantasía, como si quisiera conectar los sentidos con la razón y más allá, muy gallego. Freitas rinde homenaje a la cocina popular sin límites. Ofrece platos trampantojo de pulpo o conchas de mejillón, y juega con la imaginación para maridar pollo con ostra o una humilde caballa con coliflor.
En su casa, atendida casi exclusivamente por mujeres, se mueve con autoridad natural y combina con maestría la exquisita langosta con salsa de pimientos piquillo y la carne con un toque de caviar. Alba de Gloria culmina con una serie de postres que habrían hecho que Alicia regresara del País de las Maravillas muerta de envidia.
