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Por Rosalind Achterberg, La mesa de la Fincahace 7 días8 min de lectura
Morelos Rice, una sinfonía con Denominación de Origen

Morelos Rice, una sinfonía con Denominación de Origen

La historia se entrelaza con el presente en las fértiles llanuras de Morelos. En cada surco de la tierra se cultiva un tesoro culinario venerado: el arroz moreloés.

La historia se entrelaza con el presente en las fértiles llanuras de Morelos. En cada surco de la tierra se cultiva un tesoro culinario venerado: el arroz moreloés. Un grano dorado, nutrido por la riqueza de los suelos volcánicos y acariciado por aguas cristalinas, se erige como un estandarte de excelencia culinaria, una joya reconocida y protegida por su Denominación de Origen.

Reconocido como el arroz más fino de México, es un testimonio del cultivo artesanal y del clima fértil de Morelos. La textura de su grano, robusta pero delicadamente suave, evoca la pureza del entorno, revelada a través de sus tonalidades terrosas y la frescura de la brisa.

El arroz morelo, emblema de la gastronomía mexicana, representa la armonía entre la naturaleza y el esfuerzo humano, un legado de prácticas y sabiduría ancestrales que culmina en un producto de calidad suprema.

Llegaron a Morelos las primeras semillas de arroz morado procedentes de Asia, un regalo de Don Ricardo Sánchez de Guerrero. Las semillas de arroz blanco traídas al puerto de Veracruz por el español Gabino Carrandi se mezclaron con semillas locales en Jojutla, dando origen a una nueva variedad mejorada que prosperaría en el suelo y el clima de Morelos.

Cada grano de este arroz lleva consigo la herencia de los primeros arroces morados y blancos que llegaron a sus valles, un legado de agrónomos visionarios que encontraron en Jojutla, el corazón de su cultivo, el crisol para la creación de una variedad. Desde aquellos días hasta el auge de su producción, Morelos ha sido custodio de una planta que ha sabido adaptarse y prosperar.

Este despertar se entrelaza con décadas de estudio y perfeccionamiento por parte del INIFAP (Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agropecuarias y Ganaderas), que ha promovido la esencia del arroz de Morelos, culminando con el establecimiento de la Denominación de Origen. Esta designación no es solo un reconocimiento, sino también un voto de confianza en la calidad y el prometedor futuro de un arroz que es pura expresión de México. Hoy, el arroz de Morelos es un tributo a la confluencia de culturas.

Calidad suprema y tradición.

La Denominación de Origen Protegida del arroz Morelos es el emblema de autenticidad que consagra a este grano como uno de los más excepcionales del mundo. Garantiza que cada grano proviene de un terruño privilegiado, donde se respetan las prácticas agrícolas ancestrales y los métodos sostenibles.

El arroz Morelos Palay brilla con su tono dorado; el arroz integral Morelos, robusto y auténtico, valorado por su aporte nutricional y su profundo sabor, cuenta una historia en cada capa de salvado; y el arroz Morelos pulido, con su versatilidad, textura delicada y brillo duradero. Incluso los subproductos como las cáscaras, los granos secos y la harina están protegidos por esta norma.

La sabiduría agrícola y la innovación se combinan en las variedades Morelos A-92, Morelos A-98 y Morelos A-2010, fruto del trabajo del Campo Experimental de Zacatepec y el INIFAP. Son herederas de una tierra regida por métodos agrícolas tradicionales y un clima idílico, que en conjunto orquestan la sinfonía de un arroz gourmet.

La Denominación de Origen protege tanto las variedades de grano largo como el arroz integral y el arroz pulido.

Protagonista indiscutible en la cocina

El arroz morelos trasciende su papel de simple ingrediente, convirtiéndose en la estrella de un vasto mosaico culinario. Su capacidad para absorber y realzar sabores lo consagra como protagonista de innumerables platillos, desde sofisticados risottos hasta los platos tradicionales mexicanos más auténticos. Un solo grano de arroz morelos se transforma en un lienzo que captura y magnifica la esencia de cada receta, convirtiendo lo ordinario en una experiencia sensorial.

Más allá de ser un simple acompañamiento, el arroz morelo es el alma de cualquier creación culinaria, llenando de vida cada celebración. Gracias a su capacidad única para absorber los sabores con los que se cocina, eleva cada platillo a un nivel de excelencia culinaria. El humilde arroz blanco se convierte en la base perfecta para el complejo y picante mole, un platillo emblemático en las mesas festivas de todo México.

Imagina la paella más exquisita, donde cada grano de arroz Morelos absorbe los ricos caldos, las especias selectas y el azafrán, dando como resultado un plato vibrante y lleno de sabor. Piensa en un cremoso risotto, donde el arroz se fusiona con parmesano recién rallado y setas porcini, creando una sinfonía de sabores terrosos y una textura que acaricia el paladar. O piensa en un aromático pilaf, donde el arroz se saltea con hierbas frescas y frutos secos, ofreciendo una explosión de sabores que lo transportará a tierras lejanas.

El arroz Morelos no conoce límites en la cocina. Inspira a chefs de todo el mundo a experimentar, innovar y atreverse a presentar platos que deleitan, sorprenden y satisfacen. Con cada grano perfectamente cocido, este arroz promete llevar tus sentidos a un viaje culinario, donde cada bocado es una celebración de calidad suprema y puro placer.

Pilar económico y sostenibilidad

Con reverencia y sabiduría ancestral, los campesinos de Morelos siembran arroz en un ritual que comienza con la selección de las semillas, las protegen durante el invierno y las despiertan en primavera. Bajo el manto de un clima cálido y semihúmedo, presencian el nacimiento de la vida, cuidando con esmero las plántulas hasta que están listas para ser plantadas en la tierra fértil.

El proceso de siembra es un acto de fe y precisión, donde cada semilla se coloca con el cuidado de alguien que comprende el verdadero valor de la tierra. Los campos de Morelos se transforman en vastas extensiones de esperanza verde, cultivadas e irrigadas meticulosamente, asegurando que el suelo y el agua continúen su danza ancestral que da vida.

La cosecha se celebra como un tiempo de gratitud y renovación, marcado por la transición de colores, donde el dorado de la abundancia reemplaza al verde de la promesa. El grano, ahora maduro, viaja desde los campos hasta los molinos, donde la tradición de la molienda manual sigue siendo un acto de honor hacia la autenticidad y la historia.

El proceso de secado, ya sea bajo el suave sol o con la cuidadosa aplicación de métodos modernos, refleja una dedicación a la calidad. Finalmente, en la etapa de pulido, el arroz revela su esencia más íntima, preparándose para su viaje desde las tierras de Morelos al mundo, llevando consigo el sabor y el espíritu de su origen.

El arroz de Morelos, parte esencial de la vida cotidiana de cientos de familias, celebra la sostenibilidad y la prosperidad. Cada grano cosechado es un verso en la poesía de la tierra, un testimonio del equilibrio entre la preservación de la tradición y la adopción de prácticas innovadoras que, juntas, siembran las semillas de un futuro próspero, en armonía con la naturaleza.

La experiencia de saborear el arroz morelo es, en esencia, una celebración de la opulencia y la variedad de la gastronomía mexicana. Es un capítulo en una historia de pasión por la agricultura, un relato tejido con dedicación y orgullo que se extiende desde los verdes campos hasta tu mesa. No es simplemente parte de una comida; es una aventura culinaria que te invita a descubrir la profundidad y complejidad de sabores que solo México puede ofrecer.

Guardianes y defensores del arrozal.

La cosecha del grano dorado tiene sus héroes anónimos: los guardianes de los arrozales. A menudo olvidados, desempeñan un papel crucial en la protección de los arrozales de Morelos. Con sus gritos y gestos, ahuyentan a los pájaros, permitiendo que cada semilla germine y se transforme en el arroz que es motivo de orgullo mucho más allá de las fronteras del estado.

En los vastos arrozales de Morelos, los guardianes del arroz son el corazón de la cosecha, una fuerza poco reconocida pero siempre esencial. Estos incansables defensores, con sus métodos sencillos pero eficaces, trabajan desde el amanecer hasta el anochecer durante 35 días consecutivos, asegurando que el arroz crezca libre de amenazas y alcance su máximo esplendor, perpetuando así el legado de uno de los granos más exquisitos del mundo.

El arroz morelos se enfrenta actualmente a una batalla crucial por su identidad. Este grano es víctima de imitaciones que están dañando su reputación. La Agencia Federal de Protección al Consumidor (Profeco) ha declarado que pocas marcas respetan la autenticidad que le confiere su Denominación de Origen.

La Norma Oficial Mexicana, establecida para proteger la denominación de origen del arroz cultivado en los campos de Morelos, busca preservar este patrimonio, salvaguardando la semilla y el grano, el legado de los agricultores y la confianza del consumidor.

Al elegir el arroz Morelos, tú participas en la preservación de un arte culinario, asegurando que cada grano sea un verdadero embajador de la riqueza gastronómica de México.

El arroz morelo simboliza una sinfonía de sabor y calidad que cada grano encierra, una oda a la tierra que nos invita a detenernos y reflexionar, no solo sobre lo que comemos, sino también sobre el legado y la tierra que lo nutre. Historia, comunidad y prácticas sostenibles que definen nuestra relación con la comida y el planeta se entrelazan en él. El arroz morelo es, sin duda, un regalo de la naturaleza, un estandarte de la tierra mexicana que se ha ganado un lugar entre los más altos niveles de la apreciación culinaria mundial.

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