Kitchen Confidential, el libro de Anthony Bourdain que dos padres regalaron a sus hijos
Cuando el chef James Mark dijo a sus padres que quería ser chef, su padre le compró Kitchen Confidential, de Anthony Bourdain, para intentar disuadirlo.
James Mark, exjefe de cocina de los restaurantes North y Big King de Providence, relata cómo su padre se sintió consternado al saber que quería ser chef. Habiendo crecido en la industria de la restauración, imaginaba una vida diferente para su hijo. El intento fracasó, pero el libro le enseñó una lección importante, que Mark compartió con Chelsea Morse, exeditora de Food & Wine (EE. UU.):
"Soy mitad china, mitad polaca y mitad irlandesa. Mi familia tenía cuatro restaurantes en el Barrio Chino de Nueva York cuando era pequeña, e íbamos allí los fines de semana a comer dim sum. Pero no lo entendía del todo. Era muy quisquillosa con la comida. Tenía 10 años. ¡Quería hamburguesas! Me sentaban y me daban un tenedor y un plato de arroz pegajoso, que sabían que me gustaba."
Cuando cumplió doce años, expresó su interés por trabajar en la industria alimentaria. Su padre odiaba los restaurantes porque de niño se había visto obligado a trabajar en uno, y quería que ella fuera médica o abogada. Para alejarla de ese estilo de vida, le regaló un ejemplar de *Kitchen Confidential*. Lo leyó y quedó completamente fascinada con el libro, justo lo contrario de lo que su padre esperaba.
Morse recordó haber leído la historia de Anthony Bourdain cuando era niña en Francia, y cómo sus padres lo hicieron esperar en el coche porque no querían llevarlo a un restaurante elegante. Vio un paralelismo con su propia vida: la gente a su alrededor la ignoraba, le daban un tenedor y un plato de arroz pegajoso, y la dejaban sola el resto del día mientras todos los demás comían comida deliciosa. Su familia la consideraba culturalmente retrógrada porque no apreciaba la comida de su propia gente.
La primera vez que salieron a comer dim sum después de leer el libro, se sentó y pidió palillos. Su familia no estaba acostumbrada a que pidiera sola, pero cuando los carritos empezaron a pasar, comenzó a señalar lo que quería. Eligió las opciones más extrañas, cosas que ni siquiera su padre comía, y se dio cuenta de cuánto le gustaba esa comida y esos sabores, y de que se los había estado perdiendo. Aquello cambió su perspectiva sobre la comida y la ayudó a descubrir qué quería hacer con su vida.
