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9 de septiembre de 2026Últimos artículos
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Por Tobias Wren, la mesa del Comedorhace 45 minEspaña3 min de lectura
L'Aliança d'Anglès baja el carrito fijo de quesos para seguir las temporadas de Girona

L'Aliança d'Anglès baja el carrito fijo de quesos para seguir las temporadas de Girona

La decisión de Cristina Feliu de rotar el carrito de quesos en L'Aliança d'Anglès estrictamente según la temporada pone de manifiesto las deficiencias de la uniformidad industrial y exige una nueva paciencia por parte de los comensales.

La jefa de sala de un restaurante de Girona con una estrella Michelin decidió hace dos años sacar el pesado carrito de quesos de las sombras y llevarlo a la luz brillante del comedor principal. Tomó la difícil decisión de eliminar cualquier queso que no fuera originario de la comarca, lo que obligó a cambiar la lista cada vez que una rueda alcanzaba su punto óptimo o una ola de calor veraniega aceleraba la maduración de la corteza. El menú fijo había muerto. Cristina Feliu ahora advierte a sus comensales que el queso que comen hoy no será el que comerán el mes que viene, tratando la tabla de quesos como una placa tectónica que se mueve bajo la presión estacional acumulada. Una rueda cremosa que antes sobrevivía tres semanas en el carrito ahora se estropea en tres días bajo el sol de agosto, obligándola a retirarla antes de que se rompa la ilusión de permanencia. La tierra se mueve. En las colinas de Berguedà, Josep Venturós cuida ochenta cabras alpinas que siguen un calendario reproductivo que no ha alterado en dos décadas, introduciendo los machos en octubre y aceptando los meses secos que siguen. Abandonó los fermentos comerciales hace años para cultivar su propia microbiota silvestre, una decisión que lo aterra cuando un lote se altera de forma impredecible y debe comenzar el cultivo desde cero. La naturaleza no negocia. Para el lector que reserva una mesa en L'Aliança d'Anglès, esta decisión implica renunciar a la expectativa de encontrar su rueda favorita en una visita posterior, sustituyendo la comodidad de la consistencia por la fricción de una cocina viva. La cocina del chef Àlex Carrera se basa en esta proximidad, y el carrito de Feliu ahora se encuentra en el salón junto a la carta de vinos como un estudio geológico diario del territorio. Se paga un precio extra por el paisaje, no por el archivo. La decisión de Feliu de imponer esta estricta estacionalidad local le costará el comensal ocasional que espera una rueda importada familiar en julio, obligando al restaurante a absorber la fricción de un público adicto a la falsa lealtad de la oferta industrial. Para el lector que cruza el país para comer, este cambio radical vale la pena el viaje, porque se paga por la precisa y efímera disposición de un solo martes en las montañas. La falla resiste.

Datos clave
  • Quien: Para · Judit Prat
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