Un incendio provocado destruye la bodega y la casa de Pierre Jancou en plena vendimia
Un incendio provocado ha destruido la bodega y la casa del productor occitanio Pierre Jancou, antiguo director de las bodegas parisinas Racines y Vivant, que está terminando la vendimia de este año en un terreno vecino.
Este año no hay ninguna copa procedente de la propia bodega de Pierre Jancou que podamos considerar, porque la bodega que la habría producido ya no existe, destruida por un incendio que los investigadores han calificado de provocado, junto con la casa que se encontraba al lado, en Occitania, donde Jancou ha pasado los años desde que dejó París construyendo una vida como productor a partir de lo que aprendió dirigiendo los programas de vino de Racines y Vivant, dos establecimientos que enseñaron a una generación de comensales parisinos a confiar en una copa servida con intención, más que en la reputación.
De todas formas, está cosechando. En terrenos vecinos, con la prensa de un vecino, en la bodega de un vecino, porque una vendimia no se detiene para la reconstrucción de una casa y una uva en la vid no espera a saber si su dueño tiene dónde guardarla una vez cosechada, un hecho que no tiene nada que ver con el sentimentalismo y sí con los niveles de azúcar que siguen subiendo, haya o no techo sobre los depósitos de fermentación.
La elaboración del vino, tomada en serio, siempre se ha parecido más a una partida de ajedrez por correspondencia que a cualquier actividad que recompense la rapidez: una jugada realizada en el viñedo en primavera se juzga solo en otoño, la posición importa más que el impulso, y no hay faroleo posible ante un oponente, una temporada de crecimiento, que ha tenido meses para reflexionar entre cada intercambio. Este año, el oponente de Jancou no esperó su respuesta. Quemó el tablero en el que había estado jugando durante años y lo dejó terminar la partida en el de otro, con luz prestada, con herramientas prestadas, con la posición inalterada aunque casi todo a su alrededor había cambiado.
El dinero es lo más evidente. Perder una bodega y una casa en una sola noche es un gasto que una sola cosecha no puede absorber, y las botellas que finalmente salgan de la prensa de un vecino llevarán el costo de lo que se quemó tanto como el de lo que creció. Ninguna denominación en la etiqueta cambiará esa realidad. Ese es el único número que importa este año.
