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Por Inés Alcubierre, la mesa de la BodegaMundo3 min de lectura
La ciencia detrás de por qué algunas personas piensan que las bebidas carbonatadas saben mejor

La ciencia detrás de por qué algunas personas piensan que las bebidas carbonatadas saben mejor

Desde agua con gas y refrescos hasta cerveza y vino espumoso, ¿a quién no le gusta una refrescante copa de burbujas? Curiosamente, existe una fascinante explicación científica sobre el atractivo de las bebidas carbonatadas frente a las bebidas sin gas para algunos catadores, que implica una compleja interacción de química, biología y percepción sensorial individual. Investigaciones del Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial revelaron que cuando el dióxido de carbono se disuelve en un líquido, crea ácido carbónico que interactúa con una enzima llamada anhidrasa carbónica 4 en las células sensibles al sabor ácido de nuestras papilas gustativas. Esto crea un sabor distintivo y una experiencia sensorial única. Contrariamente a lo que se creía, la característica sensación de hormigueo al beber bebidas con burbujas proviene de la combinación de información somatosensorial (percepción de diversos grados de tacto y presión) y su efecto en el gusto.

La sensibilidad gustativa individual también puede influir en las preferencias de carbonatación, ya que quienes tienen mayor sensibilidad a los sabores ácidos pueden percibir la carbonatación con mayor intensidad. Además, existe una asociación psicológica entre las bebidas carbonatadas y el refresco y el placer, reforzada por el hecho de que los fabricantes equilibran cuidadosamente los niveles de carbonatación con otros sabores en los refrescos. Este equilibrio se rompe cuando la bebida pierde el gas, especialmente en los refrescos dulces, que se vuelven demasiado dulces al carecer del efecto compensatorio de la carbonatación. Sin embargo, si prefieres hidratarte con agua con gas en lugar de agua sin gas, ¡puedes solucionar el problema con un sencillo pero efectivo truco con bicarbonato de sodio!

Historia y evolución de las bebidas carbonatadas

La historia de las bebidas carbonatadas se remonta a finales del siglo XVIII, cuando el químico Joseph Priestley buscaba ayudar a los marineros ingleses que padecían escorbuto, una enfermedad causada por la deficiencia de vitamina C. Para ello, creó agua carbonatada artificialmente mediante la infusión de dióxido de carbono en agua, con la intención de imitar los supuestos efectos terapéuticos del agua con gas natural, considerada un tónico para la salud. Si bien su invento nunca previno el escorbuto como pretendía (dado que el agua con gas carece de vitamina C), sentó las bases de la industria moderna de las bebidas carbonatadas.

La comercialización de bebidas carbonatadas comenzó en 1783, cuando Jacob Schweppes desarrolló un método para la producción en masa. Un hito importante se produjo en el siglo XIX, cuando las empresas comenzaron a embotellar bebidas carbonatadas para su venta e introducir sabores en ellas. Los primeros desafíos tecnológicos fueron evidentes. En aquel entonces, las bebidas carbonatadas solo podían almacenarse en botellas, ya que la presión provocaba que las latas explotaran durante el almacenamiento. Gracias a la tecnología moderna actual, contamos con dispositivos como SodaStream, que nos permiten disfrutar de una bebida refrescante con gas, incluyendo vino espumoso, desde la comodidad de nuestros hogares.

Con el tiempo, las bebidas carbonatadas evolucionaron de tónicos medicinales a refrescos populares. Hoy en día, la industria sigue evolucionando, y cada vez encontramos más bebidas con burbujas en los supermercados: desde kombucha y bebidas probióticas hasta diversas aguas con gas saborizadas, vinos y champanes espumosos ligeramente efervescentes, y mucho más. Un sinfín de opciones para darle un toque de frescura a tu vida.

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